De una experiencia puntual a una capacidad compartida: cómo integrar la realidad extendida (XR) de forma sistémica en la formación profesional
Un nuevo modelo de digitalización en la formación profesional
Las entidades públicas que gestionan la Educación y Formación Profesional (EFP) en toda España ya no se plantean si debe digitalizarse, sino cómo hacerlo para que tenga un impacto real en la empleabilidad, la innovación docente y su vinculación con la industria. El Ministerio de Educación español ha definido la digitalización como un «elemento básico» transversal de la enseñanza de la formación profesional.
Ha creado más de 1 200 Aulas de Tecnología Aplicada (ATECAs) y ha establecido una red estatal de Centros de Excelencia que comenzó inicialmente con 66 centros y que actualmente está compuesta por 75 centros distribuidos por todas las comunidades autónomas de España.
Esta evolución no es meramente cosmética: expresa un cambio de modelo hacia espacios de aprendizaje conectados, tecnología aplicada y transferencia entre centros e industrias. En este contexto, la Realidad Extendida (XR) no debe incorporarse a la formación profesional simplemente como un conjunto de proyectos piloto llamativos, ni como un grupo de experiencias aisladas que dependan de un único proveedor, de una subvención a corto plazo o que se centren en un único sector. Si la FP quiere realmente aprovechar el potencial de la simulación inmersiva, la revisión en 3D, la formación segura y la colaboración a distancia, la XR debe considerarse una infraestructura educativa: una capa digital estable que permita crear, gestionar, implementar, actualizar y compartir contenidos a nivel local de un centro educativo, de la red regional y de la red estatal más amplia. Se trata de desarrollar la capacidad operativa y la gobernanza de los contenidos que se han desarrollado e implementado.


¿Consumo de contenidos o generación de contenidos? La clave del modelo híbrido para los centros de formación profesional
La primera decisión estratégica para cualquier centro o red de formación profesional es determinar si desea limitarse a consumir contenidos o si quiere estar en condiciones de generarlos.
En la formación profesional, esta distinción es crucial. En el sector industrial es habitual que cambien los procesos, evolucione la maquinaria, se actualicen las normativas y se revisen los protocolos de seguridad, y cada centro de formación profesional tendrá sus propias necesidades vinculadas a su(s) especialización(es) y a su entorno empresarial. Sin embargo, la solución más eficaz no consiste en elegir un modelo u otro, sino en adoptar un modelo híbrido que consista en: Bibliotecas de contenidos estandarizados que abarquen competencias transversales, normativas comunes o riesgos laborales compartidos. Capacidades de creación y adaptación ágil para reproducir instalaciones específicas, reflejar procedimientos locales o responder con agilidad a las demandas emergentes de los sectores de referencia.
Por eso, elegir la plataforma adecuada es incluso más importante que el propio contenido. Lo que las escuelas necesitan no es solo unas gafas de realidad extendida y una experiencia llamativa, sino una solución que permita a los profesores y a los equipos técnicos crear o adaptar sus propios contenidos, publicarlos de forma controlada, gestionarlos mediante perfiles de usuario e implementarlos en diferentes dispositivos sin necesidad de rehacer por completo el trabajo de desarrollo. Esa es la diferencia entre un simple sistema de realidad extendida destinado a ejecutar una aplicación superficial y una plataforma de realidad extendida totalmente integrada en la lógica de un sistema de formación profesional.
Las investigaciones recientes sobre el aprendizaje inmersivo refuerzan este enfoque: las revisiones sistemáticas muestran que la realidad virtual inmersiva aporta valor añadido, especialmente cuando favorece la participación activa, la manipulación de objetos, la práctica de procedimientos y la resolución de tareas, pero no cuando se limita a la observación pasiva.
Salas inmersivas multiusuario: pedagogía en equipo
El segundo pilar de la implantación de la XR en la formación profesional, y uno que a menudo se subestima, son las salas inmersivas multiusuario. Si la formación profesional aspira a reproducir mejor la realidad del trabajo, no puede concebir la XR únicamente como una experiencia individual con un único casco de realidad virtual. Gran parte de los entornos de producción actuales —industria, construcción, logística, sanidad, energía, automoción o mantenimiento— requieren coordinación, comunicación, supervisión y toma de decisiones compartida entre un equipo de personas. L
Las salas de realidad virtual permiten precisamente eso: trabajar a escala real, con varios participantes al mismo tiempo, en el mismo entorno virtual, y hacerlo de forma híbrida con usuarios remotos en diferentes ubicaciones o incluso con participantes en modo de escritorio. En comparación con el modelo de «un alumno, un casco, una actividad», la sala inmersiva introduce un modelo pedagógico de equipo mucho más acorde con la práctica profesional del mundo real y con metodologías activas basadas en retos, revisión colectiva y simulación de procesos.La ventaja de estas salas no es solo pedagógica, sino también organizativa. Permiten convertir un aula, un laboratorio o un espacio polivalente en un entorno donde se prueban procedimientos críticos, se revisan modelos BIM o CAD, se analizan riesgos, se practican secuencias de montaje o se simulan situaciones difíciles de reproducir en condiciones reales. Y lo hacen con una característica especialmente valiosa para la formación profesional: permiten el aprendizaje y la práctica continuos sin comprometer la seguridad, los consumibles ni la disponibilidad de equipos reales. En sectores en los que cada error puede resultar costoso —o directamente peligroso—, la capacidad de formarse, repetir, cometer errores e intentarlo de nuevo en un entorno inmersivo ofrece una ventaja competitiva significativa. Los estudios sobre la realidad extendida (XR) en el ámbito educativo destacan su utilidad para el conocimiento de procedimientos, las habilidades prácticas y la formación técnica en entornos complejos.
El profesorado como «prosumidores»
El tercer elemento sistémico es la interconexión de los centros. La actual modernización de la formación profesional española no se plantea centro por centro, sino como un proceso de construcción de la colaboración entre centros. Los Centros de Excelencia se conciben como nodos de innovación, investigación aplicada, formación del profesorado y desarrollo de proyectos con empresas; y las ATECA están diseñadas para recrear entornos de trabajo digitales y reforzar metodologías vinculadas al mundo profesional. Partiendo de esta lógica, la realidad extendida (XR) no debería implementarse como «islas» tecnológicas, sino como una infraestructura digital compartida.
Si la infraestructura permite compartir, versionar y desplegar estos recursos de forma conjunta, la red gana en rapidez, coherencia y sostenibilidad, multiplicando el retorno de la inversión. Por otro lado, si cada centro adquiere contenidos cerrados que no puede modificar ni redistribuir, el sistema queda fragmentado y la inversión se agota al cabo de poco tiempo. Esta necesidad de un repositorio común y de una gobernanza está implícita tanto en la estrategia de la red de FP como en la creciente importancia ministerial de los gemelos digitales y las herramientas de gestión asociadas.
Hardware consolidado y estándares abiertos
Naturalmente, esta visión solo funciona si va acompañada de la integración del hardware adecuado. Aquí es donde resulta fundamental superar otra simplificación habitual: no se puede utilizar cualquier casco de realidad extendida, cualquier ordenador ni cualquier red informática para una implementación seria de la tecnología XR en la educación y formación profesional.
Al trabajar con simulación colaborativa, escenas virtuales complejas o implementaciones multiusuario, se necesitan dispositivos que garanticen:
- Compatibilidad con estándares abiertos (OpenXR): un factor fundamental en el ámbito educativo para evitar la rápida obsolescencia y la dependencia de un único proveedor de hardware.
- Capacidad operativa: estabilidad en la ejecución, gestión profesional de las salas, sincronización de sesiones y conectividad sólida.
- Facilidad de administración: solidez, higiene del hardware, autonomía, seguridad del espacio y trazabilidad de los dispositivos para mantener un funcionamiento continuo con grupos numerosos.
Hacia la soberanía tecnológica del sistema
En el mercado español ya existen ejemplos concretos que apuntan en esta dirección. Uno de los más relevantes es nuestra plataforma, VIROO, aunque la lección importante no es la marca, sino el tipo de propuesta. Nuestra documentación pública muestra una plataforma destinada a la gestión, la gobernanza y el despliegue de aplicaciones 3D en tiempo real (RT3D) desarrolladas con Unity o Unreal, con soporte para redes multiusuario, despliegues de realidad extendida (XR) y opciones de funcionamiento tanto en nubes públicas como privadas, así como en instalaciones locales. Además, nuestra arquitectura incluye reproductores específicos para entornos de escritorio, salas inmersivas y sistemas de tipo CAVE, lo que encaja perfectamente con la idea de una infraestructura escalable y no de una simple aplicación aislada. Su interés para las organizaciones españolas de FP radica precisamente en que representa plenamente el salto de la simple adquisición de experiencias de XR a la construcción, mucho más valiosa, de la capacidad interna de las organizaciones. Según nuestros propios datos y fuentes de los medios del sector de la XR, ya hemos implantado la plataforma en más de 80 centros de FP en España.
Hay una presencia importante en el País Vasco, donde contamos con 25 centros de FP equipados con licencias y salas inmersivas multiusuario. Centros concretos, como el CIFP Politécnico EASO o el Miguel Altuna, están utilizando nuestros entornos inmersivos para formar en procedimientos técnicos y revisar modelos de forma colaborativa. También hemos anunciado públicamente un acuerdo de seis años vinculado a la implantación en centros de excelencia de formación profesional; paralelamente, el Ministerio de Educación español ha formalizado contratos a gran escala para 2026 relativos a software y licencias para simuladores y gemelos digitales, una señal inequívoca de que la integración institucional de estas tecnologías está entrando en la fase estructural.
La cuestión subyacente, por lo tanto, no es si la XR «tiene potencial» en la formación profesional. Esa pregunta ya tiene respuesta. La cuestión es cómo evitar que este potencial se diluya en soluciones inconexas. España ha realizado un notable esfuerzo por modernizar la formación profesional con ATECA, los Centros de Excelencia y una agenda de digitalización transversal. El siguiente paso lógico es consolidar una infraestructura inmersiva compartida que garantice la soberanía tecnológica y formativa de los centros. La verdadera transformación no se producirá el día en que haya más cascos de XR en las aulas, sino el día en que las organizaciones de formación profesional cuenten con una red capaz de convertir la XR en una capacidad estructural del sistema: conectada con la industria, valiosa tanto para el profesorado como para el alumnado, compartida entre centros y preparada para evolucionar al ritmo del mundo productivo.
En este escenario, la realidad extendida deja de ser una innovación periférica y se convierte en lo que realmente debe ser para la formación profesional: una infraestructura soberana para aprender mejor, colaborar más y transferir conocimientos sin fricciones.
¿Quieres transformar la realidad extendida de un experimento en el aula a una capacidad estratégica?


